Construido con Berta

  1. Manchas en el silencio

    Carlos Pérez Jaramillo

  2. Cada palabra es como una innecesaria mancha en el silencio y en la nada.

                                                                                                                           Samuel Beckett

    Las prácticas artísticas contemporáneas continuamente resignifican y transforman los lenguajes, gestos y acciones que construyeron las vanguardias de la primera mitad del siglo XX, así como los movimientos artísticos contemporáneos.

    La obra de Carlos Pérez Jaramillo no es ajena a esta “tradición” en la que se relacionan e hibrídan lenguajes y prácticas como el performance y el videoarte, y en los que se rememoran gestos propios del expresionismo abstracto. En palabras del artista, "La energía de un cuerpo en movimiento. En la suspensión o el asedio / o erótica de un cuerpo traída, puesta afuera, en la sensualidad de una inscripción en la resistencia, de la progresión o la objeción / de la sexualidad / de la marca / de la traza sin origen diseminada." *

    En “Manchas en el Silencio” resulta evidente una intención textual y escritural, una producción en la que se funden la gestualidad corporal, el registro de video, la poesía y el dibujo; en su trabajo se establece un flujo en el que resuena la poesía simbolista y el Dadá, y en donde, a su vez, emergen con fuerza los espectros de Artaud y Beckett.

    El artista construye un lenguaje plástico que pone al cuerpo como núcleo de su acción, en la videoinstalación “Negro de Humo” construye una danza intimista sobre la superficie, donde solo se conserva el carbón, en un acto que pone de manifiesto como lo indicaba Mallarmé, que "escribir es poner negro sobre blanco" y como lo manifiesta el mismo artista: "Es un movimiento vertiginoso de la idea - por la fuerza de una incertidumbre- desplazando la grafía, el grafismo, en el aliento de un exceso".*“

    En “Negro de Humo” se establece una relación particular con el espectador, quien mira desde arriba confiriéndole un carácter erótico, libidinal, pulsional en contraste con la mirada opuesta, que remite a lo infinito, a lo sublime, a la purificación, mirada que nos dibuja la premonición de un precipicio: "Nada para contar. Una historia sin sujeto... volver a la grieta o una fisura, un devenir. Nada que contar. Una historia sin sujeto..."*

    Al confrontarnos a la obra de Carlos, nos encontramos con la extraña posibilidad de experimentar la potencia del gesto, en la desnudez y el borramiento, en la expresividad del rostro y la tachadura. Vemos un cuerpo que despliega el potencial poético en la materialización de una escritura pulsional, en una performatividad que desdibuja dramáticamente, las improntas de un acontecimiento.

    Las proyecciones en la sala configuran territorios abismales, al abrir la horizontalidad del espacio o configurar un universo de tensiones entre el vacío, la ralladura y la luz.

    El observador deambula entre la experiencia del testigo y la del lector de una caligrafía salvaje, el artista nos confiere una mirada de poder. Una mirada terrenal hacia un lenguaje no verbal, o un verbo que se desvanece, una mirada perimetral donde se potencia la experiencia de sentido.

    Cada pieza a su manera se deshace en el gesto repetitivo de tachar a modo de escritura su propia huella. La obra configura un lenguaje a través del propio cuerpo y el carbón, a manera de gesto elíptico, articulando una poética multiforme.

    Un acto performativo que propone una re-escritura y apropiación singular de prácticas artísticas contemporáneas. En este caso con una trama y una urdimbre profundamente personal. De nuevo parafraseando al artista, "Volver a traer de nuevo y sobre la superficie... un plano nuevo de la historia... a un cubo blanco... un culo tiznado...un mundo sin rostro."* O donde el rostro es definitivamente tachado.

    * Textos tomados del libro "Negro de Humo" de Carlos Pérez Jaramillo.


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