La Riqueza

 

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En uno de los últimos textos escritos por Umberto Eco, quien acaba de morir, en su libro “De la estupidez a la locura” de reciente aparición nos habla sobre la ´Sociedad Líquida´ una concepción sobre la modernidad descrita por Zygmunt Bauman, también desaparecido recientemente, en la que por la volatilidad, el desplazamiento, el individualismo y la ausencia de estructuras estables, todo se vuelve incierto y precario. Al respecto Eco aclara: “El posmodernismo marcó la crisis de las ´grandes narraciones´ que creían poder aplicar al mundo un modelo de orden”. Y añade: “Tenía un carácter temporal.... y ha representado una especie de trayecto de la modernidad a un presente todavía sin nombre”. “El individuo pasa de un consumo a otro en una especie de bulimia sin objetivo..... una orgía del deseo”,(1) que al final se concreta en algo muy parecido a un verdadero pánico moral, un temor extendido entre un gran número de personas que tienen la sensación de que un mal amenaza el bienestar de la sociedad. Impera la fluidez de la incertidumbre, la fragilidad y el miedo por la constitución de fuerzas descomunales imprevisibles, capaces de acarrear el caos y nuestra destrucción.

Este triste escenario nos induce a pensar en la sorpresa, el estupor y la decepción ocasionados por la catástrofe de las guerras mundiales del siglo pasado, después de las promesas altruistas y el optimismo derivados de la ilustración, la capacidad industrial y el saber humano para su beneficio. Hoy algo similar se perfila frente al agotamiento de la capacidad de absorber nuestros desechos que comienza a evidenciar la tierra, nuestra casa, con la ruptura de equilibrios que tomaron siglos en conformarse, el deterioro del aire, las aguas contaminadas con químicos, restos plásticos deambulando que perdurarán como vestigio de nuestra civilización y la amenaza de guerras con el potencial de acabar con todo, y todo esto propiciado por las promesas de bienestar y realización humana que proponen la tecnología, el capitalismo y la sociedad de consumo. ¿Será que nos veremos de nuevo abocados al mismo sentimiento que expresaba Primo Levi cuando decía: “...lo que el nazismo y los campos nos inspiran es ‘la vergüenza de ser hombre’”, cuando en la lucha por los recursos el daño ocasionado resulte irreparable?

Aún nos queda la filosofía y el arte, ambos tienen la posibilidad de producir ‘acontecimientos’, la filosofía con sus conceptos y el arte con sus monumentos, como lo sugieren Deleuze y Guattari. “El canto de la tierra y el grito de los hombres: lo que constituye el tono, la salud, el devenir, un bloque visual y sonoro. Un monumento no conmemora, no honra algo que ocurrió, sino que susurra al oído del porvenir las sensaciones persistentes que encarnan el acontecimiento: el sufrimiento eternamente renovado de los hombres, su protesta recreada, su lucha siempre retomada. ... el lenguaje de las sensaciones, o la lengua extranjera en la lengua, la que reclama un pueblo futuro .... para arrancar el percepto de las percepciones, el afecto de las afecciones, la sensación de la opinión, con vistas, eso esperamos , a ese pueblo que todavía falta.”(2)

(1) Umberto Eco, “De la estupidez a la locura”
(2) Gilles Deleuze, Felix Guattari, “¿Qué es la Filosofía?”

 

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